domingo, 28 de fevereiro de 2010

Excepcionalmente... a crónica de hoje no JN...



O SINGULAR EÇA DE QUEIRÓS

João Gaspar Simões -citado abundante e justamente por A. Campos Matos, estudioso dedicado do “pobre homem da Póvoa de Varzim”, no seu novo livro, “Eça de Queiroz, Uma Biografia” (Edições Afrontamento)- escreve, acerca de Camilo: “é tão pessoal que se lhe não encontra decidida influência estrangeira”. E afirma-o num precioso ensaio sobre Eça, publicado em “Liberdade de Espírito” (que Campos Matos também refere), em que conclui: “Os Maias” são a obra-prima de Eça de Queirós e, o que é mais, um caso único no romance nacional.” Continua a sê-lo, passados 122 anos. Camilo tocou, sem dúvida, como nenhum outro, a alma portuguesa e fê-lo a partir de um imo vulcânico, incomparável; Eça, dirão, fixou certos caracteres nacionais –à sua maneira, e atento ao que se fazia lá fora. Ele próprio se queixa: “Faço mundos de cartão... não sei fazer carne nem alma.” Não é verdade: “Singularidades de uma rapariga loira” ou “O Crime do Padre Amaro”, exemplos soltos acrescentados a “Os Maias”, agarram personagens extraordinárias. E Régio, citado por Campos Matos, ensina: “Pedir a um verdadeiro artista o que, por sua natureza profunda, não nos pode nem pretende dar, parece-nos um erro crítico tão condenável como recusar-lhe o que nos dá”. A originalidade de cada artista, se expressa na obra, constitui a originalidade da obra. A. Campos Matos, a quem os leitores e os estudiosos de Eça muito devem, acrescentou à vastíssima bibliografia queiroziana um livro interessantíssimo. Gaspar Simões, lá o lembrava: “Uma biografia é uma ideia pessoal sobre o homem que queremos conhecer”, mas Campos Matos, se o confirma, abre portas, provoca, desafia.

publicado na Página de Cultura do Jornal de Notícias, 28/02/2010

sexta-feira, 26 de fevereiro de 2010

De novo em movimento: 'Sobre o Risco' vai de viagem e mete férias...



Tal qual informei no Facebook, a Lorenza, o Andrea e eu retomamos a nossa estrada (o nosso mar, o nosso céu...) de holandeses voadores...

Alguns dias -15, 20, 30?- incógnitos, pelo mundo infinito...

Se houver ocasião, mandamos notícias.

O Pássaro de Vidro fica, pois, em suspenso... E -garanto!-, no regresso, é que vão ser elas!

Aguentem-se, como poderem, cá na aldeia, que a coisa está torta.
Boa sorte!

A crise, o desastre neo-liberal e a democracia em perigo: um artigo, um aviso...

...a liberdade é a porta que abre para a igualdade, a fraternidade e a justiça social...




El ciudadano se aleja de sus líderes
por Andrea Rizzi


La crisis abre un desafío colosal al ejercicio del poder, desata desconfianza en las élites y abre un nuevo flanco a los populistas - La excepcional tensión entre las necesidades de largo plazo y el castigo electoral a corto dificulta la acción de gobierno

Abatido el muro de Berlín, el avance progresivo de la democracia liberal pareció en los años noventa una fuerza tan incuestionable como una ley física. El irresistible atractivo de la mezcla de libertad y bienestar propia de Occidente conquistó países como ningún ejército nunca pudo. Entre 1990 y 2006 el número de democracias pasó de 76 a 123. Nada parecía capaz de cuestionar los logros y los cimientos políticos liberales. Francis Fukuyama insinuó provocativamente en 1989 que el mundo se hallaba ante "el fin de la historia", como "punto final de la evolución ideológica humana y universalización de la democracia liberal como forma final de gobierno humano".

Veinte años después, esa fuerza expansiva se halla en un grave estancamiento. Las democracias llevan tres años retrocediendo, y se han reducido a 116, según calcula la prestigiosa Freedom House, un centro de estudios independiente estadounidense fundado en 1941 que analiza la situación mundial de libertades y democracia. A los factores específicos, nacionales, de cada colapso, se suma ahora un preocupante temblor global: la crisis económica. Incubada y estallada en el seno del capitalismo, se abate ahora sobre el modelo político liberal con agresividad, alimentando frustración popular y evidenciando fragilidades de su sistema de gobierno. A la ineptitud para regular adecuadamente los mercados financieros, los gobiernos democráticos suman ahora tremendas dificultades para paliar el desastre y tomar medidas necesarias pero impopulares. ¿Está a punto de resucitar la historia?

Puede que no, pero el final se hizo repentinamente turbulento. Las consecuencias de la Gran Recesión no se limitan a decenas de millones de empleos perdidos. En las democracias más maduras, la crisis abre la enésima brecha de la historia a francotiradores populistas, mientras los dirigentes renquean semiparalizados por extenuantes negociaciones o por el cobarde temor a perder consenso. En las más pobres, directamente agrieta los frágiles pilares del sistema, ya acosado por otros factores locales. Y, fuera del perímetro democrático, amenaza con empañar la capacidad de atracción de ese modelo político, el motor que convenció a tantos pueblos a abrazar sus valores.

El desafío no es ideológico. Empaquetado el telón de acero, la liberal democracia no tiene alternativas realmente competidoras. El desafío es funcional. En los últimos meses se ha quedado en la retina de muchos el contraste de imagen entre los dirigentes chinos, que han esquivado ágil y exitosamente la embestida de la crisis, y sus colegas occidentales, que se hallan ahogados en una maraña de negociaciones, explicaciones y precauciones. Éstas son el fundamento de la grandeza de la democracia pero también, en ocasiones, un frustrante límite a la eficacia de su gobierno.

"La crisis, de momento, no ha producido una ola de cambios de régimen, pero ha puesto en el foco la cuestión de la gobernabilidad", considera Ivan Krastev, analista político y miembro fundador del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

El modelo chino -con su falta de libertad- no se convierte por ello repentinamente en una alternativa irresistible, pero contribuye a evidenciar las arrugas del liberal. Las tremendas dificultades legislativas de Barack Obama -que ganó holgadamente la presidencia y cuenta con mayoría en ambas cámaras del Congreso estadounidense, pero se encuentra frenado por el exigente sistema de mayorías requeridas- son quizá el paradigma de ciertas potenciales degeneraciones de la fenomenología democrática. Lo que es prudencia a largo plazo puede ser un estorbo a corto.

Para más inri, los dirigentes democráticos deben enfrentarse ahora no sólo a problemas titánicos, sino hacerlo ante un horizonte de movimientos populistas que aparecen o repuntan y condicionan con fuerza la escena política. Como el Tea Party estadounidense -con su retórica anti-Estado y antiélites- o las formaciones con discursos xenófobos que agitan varios países europeos -Holanda, Italia, Grecia...-. El populismo es una vieja y conocida plaga de las democracias, y los colapsos económicos son su caldo de cultivo preferido. En otras décadas parieron monstruos.
"Yo creo que el mayor impacto de la crisis actual consiste en una profunda transformación interna a los regímenes democráticos", argumenta Krastev. "Somos testigos de un colapso de la confianza en las élites políticas y empresariales y de la emergencia de una nueva oleada populista global. Ahora, las tensiones estructurales en las democracias modernas no son tanto entre izquierda y derecha, sino entre pueblo y élite. Las elecciones están perdiendo su significado de opción entre alternativas y se transforman en procesos a las élites. Así, la democracia ya no es una cuestión de confianza, sino más bien de gestión de la desconfianza", concluye Krastev.

La escalada de la desconfianza complica ulteriormente la tarea de los líderes de tomar medidas necesarias pero impopulares. Éstas son siempre maniobras difíciles, pero más cuando la tropa no confía de antemano en los generales. Entre las reformas sociales que inflaman las opiniones públicas y las financieras que preocupan los mercados, muchos líderes occidentales dan más que nunca la sensación de no saber cómo moverse. En el primer mundo esto puede suponer una pérdida de competitividad, conflictos sociales, pero no una amenaza existencial. En otros lugares, el tema es más grave.

Si las democracias ricas titubean, las pobres tiemblan. "En el análisis del impacto de la crisis es fundamental dividir entre esos dos grupos. En el primero, por ejemplo, se extiende el caldo de cultivo para el populismo; pero en el segundo, directamente hay riesgos de colapso del sistema político", argumenta Ignacio Urquizu, profesor de Sociología de la Universidad Complutense, remitiendo a un interesante estudio de Adam Przeworski y Fernando Limongi, Modernization: theories and facts.

Przeworski y Limongi han observado 101 democracias entre el año 1950 y el 1990. Ninguna de las 32 con renta per cápita superior a los 6.055 dólares colapsó en todo el periodo estudiado; entre las restantes 69, cayeron 39. De ellas, 18 lo hicieron al año siguiente de un retroceso de la renta per cápita. "Las democracias, especialmente las pobres, son extremadamente vulnerables en los ciclos económicos negativos", concluyeron los dos profesores sobre la base de contundentes datos. El ensayo es de 1997.

El panorama sobre el que se abate ahora la tormenta económica no es tranquilizador. Freedom House considera en su informe sobre el año 2009, publicado en enero, que la "erosión de la libertad se está intensificando". Es el cuarto año consecutivo que esta organización registra un retroceso, porque el número de países que sufren un deterioro supera a los que mejoran. Desde 2005, las democracias electorales han pasado de 123 a 116; 40 países han experimentado retrocesos en el respeto de libertades y derechos fundamentales en 2009, frente a sólo 16 que lograron avances.
Naturalmente, cada país tiene circunstancias específicas que provocan el retroceso, pero en el conjunto los datos sugieren que una crisis excepcional se materializa en un momento ya de por sí negativo.

"En los ochenta, la ecuación parecía infalible: abraza la democracia liberal, y tendrás crecimiento económico", dice en conversación telefónica Arch Puddington, director de investigación de Freedom House. Eso atraía. "El riesgo ahora es que las democracias liberales resulten menos atractivas y que ciertos países puedan mirar con mayor interés a otros modelos. La situación actual puede aumentar la credibilidad del modelo chino ante la mirada de algunos observadores. Aun así, no creo que se pueda recrear una situación de bipolaridad como en la guerra fría. El modelo chino es difícil de copiar. Y, en fin, China no es y no parece el país más feliz del mundo", apunta Puddington.

"No es que haya un nuevo entusiasmo por el autoritarismo, pero después de la crisis mucha gente cree que el capitalismo autoritario tiene sus ventajas", considera Krastev. "Aun así, creo que incluso los admiradores del modelo chino tienen sus dudas en imitarlo", coincide.

En el pasado, algunos analistas han considerado provocativamente la diferencia en la tasa de crecimiento de China (10% anual de media en la última década) y de India (6%) como el precio de la democracia. Sea cierto o no, el avance económico supone un fuerte respaldo psicológico para el modelo chino y sus defensores, así cómo la recesión es un mazazo para las opiniones públicas de las democracias.

Según un estudio del Pew Center, en el baricentro mundial de las democracias liberales, Estados Unidos, los ciudadanos consideraron la actual década la peor desde los sesenta por abrumadora mayoría, opinaron que el liderazgo mundial de EE UU está en claro declive y, por primera vez, la mayoría consideró que China es la principal potencia económica mundial. Un dato sorprendente, ya que el PIB de EE UU es todavía el triple del chino.

No va mucho mejor entre los nuevos adeptos de la democracia. Entre 1991 y 2009, el porcentaje de ciudadanos que aprueban la adhesión al sistema capitalista ha retrocedido drásticamente en los nueve países de Europa del Este sometidos a una encuesta del Pew Center. Sorprendentemente, incluso el cambio a la democracia ha perdido adeptos en seis de nueve.

Las opiniones son volátiles, y un leve cambio de viento económico soplará sin duda hacia arriba ciertas encuestas. Pero hasta entonces, será necesario cuidar un sentimiento más profundo e importante para las sociedades: la pérdida de la sensación de progreso. La revista The Economist le dedicó en diciembre un interesante artículo de portada.

"La idea de progreso es la espina dorsal de una sociedad. En el extremo, sin la posibilidad de progreso, el avance de uno es la pérdida de otro", escribía el rotativo británico. El problema es acuciante en una etapa de alto paro y recorte de derechos sociales. La falta de progreso agudiza el instinto de mors tua, vita mea sobre el que juegan xenófobos y populistas. Quienes intentan dividir las sociedades entre "nosotros" y "ellos", sobre la base de la raza, o de la clase social.

"Esta crisis económica, como todas, dará un nuevo impulso al populismo", comenta en una conversación telefónica Michael Kazin, profesor de Historia de la Universidad de Georgetown. "Lo bueno, en esta ocasión, es que no hay alternativas tan preocupantes como las de los años treinta. Pero incluso si contenidos en el seno de los regímenes democráticos, los movimientos populistas pueden tener efectos sensibles. El Tea Party, en EE UU, creo que afectará sobre todo al Partido Republicano. Pero a través de esa influencia, polarizará la escena política nacional, y cobrará resultados, como ya está haciendo con la reforma de la sanidad", dice Kazin, autor de The populist persuasion: an American History.

En Italia, la Liga Norte cabalga el malestar de la crisis y fuerza al Gobierno del que es parte a tomar medidas durísimas en política de inmigración. En Holanda, la formación derechista y populista liderada por Geert Wilders gana enteros a gran ritmo. En Francia, Nicolas Sarkozy ha logrado marginar al Frente Nacional, pero impulsa periódicamente iniciativas que muchos analistas consideran populistas y estudiadas para desinflar la bolsa de votos de la derecha lepenista. La última, el debate sobre identidad nacional, sobre qué es ser francés en el siglo XXI.

Las distintas arquitecturas constitucionales responden de diferente manera a la presión. Ciertas leyes electorales favorecen el populismo, obligando a los principales partidos a cubrir las alas extremas; otras estimulan las carreras al centro. Ciertos reglamentos parlamentarios, como el estadounidense, fuerzan una laboriosa búsqueda de consensos; otros, menos. Ciertas constituciones dan más margen a los Gobiernos, otras, más poder de marcaje a los parlamentos.

La libertad es, en todas ellas, un activo inigualable. En perspectiva amplia, además, frenos y garantías favorecen la prudencia y ahorran errores. La cuestión es reflexionar sobre las respuestas de cada arquitectura constitucional al test de la crisis, y reflexionar, a la luz de los nuevos retos socioeconómicos, si el equilibrio es el más adecuado, estable y ágil para generar progreso y consenso. Y capacidad de seducción, que es lo que en el fondo mejor tumba a las dictaduras.


transcrito, com a devida vénia, de El Pais, 27/02/2010

Portugal Surrealista -ou a tragédia lusa encarna em baratas tontas...

in Público, 26/02/2010

Uma crise santa...



Erlich, in El Pais, 26/02/2010



"-O que temos que reconhecer nesta crise é o seu carácter unificador. Já quase que não há diferenças entre ricos e milionários.

'O Pássaro de Vidro' -Parte IIIª VII

'Nú de costas', óleo de Amedeo Modigliani (1884-1920)




Quase não se falaram, durante o regresso, ela com as flores presas das mãos, Andrea os olhos fitos na estrada.

— Desculpa. –disse Lorenza.
— O quê?
— Querer vir embora.
— Não faz mal. Eu também estou cansado
— Cansado?
— Sim. Sinto-me cansado de andar de um lado para o outro, de Treviso para Veneza e de Veneza para Treviso. Do consultório. Do hospital. Não vejo solução.
— Qual solução?
— Para não andar por aqui e ali, e não me decidir, e não ter um sítio onde estar tranquilo.
— Gostavas de viver em Veneza?

Perguntava se gostava de estar junto dela, todos os sinais ajudavam a esperar. Mas não dissera que era tarde de mais?

-Para Veneza? Tenho a minha casa em Treviso. E o Roberto? Veneza? Que disparate! É uma cidade morta.

Ela compreendeu: dizia-lhe aquilo porque a conhecera depois de se ter entalado em muitas coisas e a pele lhe ardia. Oferecera-se-lhe e não a quisera. Andrea não sabia viver com os outros, ou não a queria. Ignorara-a e empurrara-a e ela também se afastara. E tentou remediar:
— Hás-de encontrar uma solução.
— Com certeza!

Lembrava-se dela, ainda há pouco, deitada no sofá, os cabelos loiros e os seios por baixo da blusa, os bicos a levantarem o tecido, a boca vermelha, indecisa, fresca e húmida. “Só me apanhas, se eu quiser só se eu quiser...” Mas perturbava-o a sua presença e acariciou-lhe o braço.

— Andrea! — reagiu Lorenza e cruzou as pernas, chegou-se para o lado.
— Vê lá se sais pela porta.
— Não te preocupes! Se queres levar-me a casa, leva-me e não faças fitas. Hás-de encontrar a solução, não precisas de andar a brincar comigo.
— Não faço fitas nem ando a brincar contigo. Gosto do teu corpo, como tu gostas do meu. Ou não gostas? Meteste-me as mãos debaixo da camisa, enrolaste as pernas no meu colo, cheiraste-me como eu te cheirei. Passaste os lábios pela minha carne e eu fiz o mesmo. A tua carne, é salgada e doce, não desilude: está à medida.

Apareceu um camião, as luzes acesas no máximo, que os assustou. Foram, assim, calados e incomodados. Andrea procurara feri-Ia e Lorenza troçara dele. Talvez nenhum dos dois quisesse aquilo mas acontecera.

— És muito ordinário.
— Talvez.

Isso passou-se antes da história das amêndoas mas nunca se libertaram das palavras trocadas, as amêndoas não bastaram. Recomeçaram a evitar-se.

— Ele não acredita em mim. — disse à grega. — Acha que não preciso dele e me divirto com os amigos.
— Ele não é teu amigo? — respondeu Irene, que lhe agarrou a mão.
Lorenza retirou-a.
—É meu amigo e sou amiga dele mas anda sempre a fugir. Já quase não nos vemos.

E a grega, que dera pelo retraimento de Lorenza, aceitou ficar sem a mão dela:
— Olha que um te arrependes. Gostas do Andrea.
— Achas?
-Acho mas não te aflijas. Tudo passa. Se calhar, foste feita para outras coisas, casares e teres filhos e viveres uma vida segura. O Andrea, divorciado e com o filho, assusta-te.
—Assusta-me?! Enerva-me, queres dizer! Se gosta de mim, porque não me prende e me deixa fugir?

Não esqueceria o sorriso de Irene: frio e irónico: não lhe perdoava a fuga e desejava-lhe felicidade, incerta de que ela fosse capaz de a conquistar.

— Se gosta de mim, porque não foi mais longe?!
— Onde querias que ele fosse?
Lorenza não conseguiu calar:
— Até onde eu quisesse, até onde eu desejasse.
Mas reservou para si:
“-Até ao, meu coração, que estava à espera dele!”

Depois, durante os tais dias que se transformaram em semanas, lembrou-se, com amargura, do que dissera Irene:
“Casar-me, ter filhos, instalar-me na vida? Isso era o que eles queriam, os da minha família. E, um dia, ainda acabo assim. A culpa não é minha!”

A culpa era de Andrea, não soubera ajudá-la.
“Porque não me telefona? Não quer saber de mim!”
E se ele lhe respondesse:
“Absolves-te desse modo. Considerando-me um safado. É o que te resta, senão tinhas de me pedir que te recebesse e acalmasse a tua ânsia.”
“Já não serviria de nada!...” –consolou-se.

No Natal, Andrea telefonou-lhe:
— Boas Festas, bom Natal!
Ela agradeceu:
— Obrigada! Boas Festas!

E deixaram o ano passar, sem o festejarem juntos. Andrea soube que ela andava por sítios que não eram os dela. Disseram-lhe que Lorenza frequentava os bares de Cannareggio, até de madrugada. Tempos atrás, convidara-a para lá almoçar e ela recusara:
— Vamos a outro sítio, faz-me confusão esse bairro. Tem gente a mais!
Andrea reconhecera a burguesinha do Lido, desconfiada e convencional. Assim a julgava, às vezes.
— Está bem. Vamos, a outro sítio. Cannareggio, a mim, não me faz confusão nenhuma. Mas se queres...

Era um bairro tranquilo, a roupa pendurada das janelas, as osterie e a gente simples. Se não lhe servira, o que é que queria agora? Se a assustara o vaivém de gente remediada, as leitarias pequeninas e os excessos pacatos dos que saíam das tabernas ligeiramente desequilibrados e se cruzavam com os gatos e os cães em liberdade, aquele mundo onde não cabia a submissão aos preconceitos, que andava ali a fazer?

— Anda, por onde calha, com quem encontra...

Andava ao deus-dará? A retraída, a reservada, que escolhia os amigos, frequentava aqueles lugares? Juntava-se aos estudantes boémios que enchiam, à noite, os recantos de Cannareggio? Ela, sempre exigente, sempre distante, fechada no seu piccolo mondo? Que acontecera e como eram as suas noites perdidas? Gastava-as com aqueles estroinas, que deveria considerar vadios? Com os noctívagos e beberrões da Veneza humilde, gente que não era a sua, habituada a cruzeiros à Grécia? E Andrea tinha medo de saber como acontecera e com quem acontecia e, ao mesmo tempo, queria saber. Afastava o medo e a angústia imaginando o pior: ela, os olhos febris, desvairados, a rir para todos, a encostar-se-lhes e a pedir-lhes que lhe mexessem, a embebedar-se com eles. Tudo quanto lhe dera em Treviso a via dar aos outros. O bairro tornava-se num lugar imundo e Lorenza, numa desgraçada que sempre desejara isso: a promiscuidade.

O dia de hoje: a Esperança e a Morte...

...sim, hoje já é um novo dia e amanhã será outro, novo, diferente... se quisermos...



...ainda sobre Fidel de Castro e a revolução cubana; as esperanças havidas em 1959; o derrapar para o totalitarismo e as desilusões; as perseguições e as prisões; a morte (ou assassinato) do dissidente Zapata Tamayo, algures, em Havana...

...tudo isso, em seguida ao falhanço, ao desastre do regime soviético;

...tudo isso enquanto os partidos comunistas que sobrevivem não conseguem libertar-se da raiz estalinista...

E depois?

Quantos anos conta isso tudo? Cem? Nem chega... E se chegasse, ultrapassasse? Se fossem duzentos, trezentos, quinhentos? Mil?

O que significam mil anos na História da humanidade?

Alguma coisa significam..., é certo –e pela negativa, naquilo que diz respeito às relações sociais, aos regimes políticos, às relações humanas....

Há mais, muito mais de mil anos que o homem é perseguido, subjugado, explorado por uma minoria.

Há mais de mil anos que o homem sofre as consequências de totalitarismos.

Agora, embandeiram em arco os totalitaristas disfarçados de liberais (e o que são o capitalismo, o liberalismo, o neo-capitalismo, o neo-liberalismo senão desastrosas e criminosas novas formas de totalitarismo, desigualdade social, neo-escravatura, exploração do homem por um bando de homens?),

Festejam a morte (assassinato) de Zapata Tamayo, não a lamentam –porque a consideram mais um argumento a justificar os crimes que eles, falsos carpideiros, Judas-banqueiros, querem perpetuar, porque a consideram mais uma acha para a fogueira onde nos grelham a fogo lento mas cada vez mais apressado: a mundialização, a globalização, o enforcamento do Indivíduo, da Pessoa, o garrote que aperta, sufoca a iniciativa de cada um... que destrói qualquer contrato social digno, justo, igualitário...

...lançam foguetes os que nos atiraram para a crise brutal onde lutamos para não morrermos afogados e de cuja crise essa quadrilha de salteadores, tão desonrados que o Zé Telhado os recusaria na sua, recomeça a tirar milhões... dos nossos bolsos esfarrapados, vazios... da nossa carne de desossados, que nos chuparam até ao tutano...

E pensam que podem enterrar, definitivamente, a Esperança.

Não podem: a Esperança é a Vida do Homem.

Em cem anos, um punhado de tentativas falharam. E depois? Baixamos os braços?

Não, amigos: vamos tentar outra vez!

É o mito de Sísifo, o tal de que falaram tantos, de que falou o humaníssimo Albert Camus: Sísifo que empurrava a pedra, montanha acima; e a pedra escorregava; e ele voltava a empurrar; e a pedra escorregava...

Mas, de cada vez, Sísifo, o homem da Esperança, ganhava um centímetro, mais um, mais outro, um metro e mais um metro... Avançava.

Em cem anos, em duzentos, em quinhentos, em mil, em dois mil, com milhões de vítimas pelo meio –o Homem avançou, já não é o mesmo. E amanhã estará ainda mais perto da sua dignidade, da sua liberdade... um metro, depois outro metro, depois outro...

quinta-feira, 25 de fevereiro de 2010

A beleza das pequenas modestas coisas é que nos salva...




Se quiserem ler palavras sinceras e transparentes, apesar da humanidade ser uma nebulosa, se quiserem ouvir música que fala, vá, abra o link:




Obrigado Bicho do Mato! Voltaste à feira das pessoas, onde há tanta maldade e... tanto amor... para ti!

"Que se acabe com esse melífluo contrato social: mandamos nós!" diz o agiota...


El Roto, in El Pais, 25/02/2010
"-Que morra o estado para que as bolsas vivam!

Nenhum crime cala o sonho porque a morte do sonho é a morte do homem***

..."sempre que um homem sonha/ o mundo pula e avança/ como bola colorida/ entre as mãos de uma criança" (António Gedeão)




Assim morrem os sonhos
por Manuel António Pina

Orlando Zapata Tamayo, operário, de 42 anos, pensava diferentemente do que pensa o seu governo. E dizia-o, o que, em Cuba (e não só), é coisa particularmente perigosa. Foi detido com outros activistas dos direitos humanos em 2003 e condenado a três anos de prisão por "desobediência", entretanto multiplicados por 12 (36 anos!) por persistir em "desobedecer" mesmo preso.


Morreu ontem, após 85 dias de greve de fome em protesto pelas torturas de que era vítima na prisão. Era um dos muitos presos de consciência que, segundo a AI, apodrecem em cadeias cubanas. A mãe, a quem foi entregue o corpo, conta que tinha as costas "tatuadas de pancada". Cuba é um problema que, como muita gente da minha geração, tenho comigo mesmo. Nos anos 60, quando o pesadelo soviético era mais que evidente, a Revolução Cubana iluminou de súbito o nosso sonho de uma sociedade livre e igualitária, e tanto desejámos esse sonho que aceitámos qualquer desculpa para as suas traições. Acordámos dele a custo para descobrir, como Sam Spade em "O falcão de Malta", de Dashiell Hammett, que é chumbo a matéria de que são feitos os sonhos.
***eu sei que o sonho será a última coisa a morrer em Manuel António Pina, para bem de nós que o lemos como quem recupera... o sonho; e sei que ele entende o meu título e tudo o mais...

transcrito, com a devida vénia, de Jornal de Notícias, 25/02/2010

'O Pássaro de Vidro' -Parte IIIª VI a

trabalho do pintor chinês Qi Baishi (1864-1957)



Fora há muito tempo o encontro com Luciana Valeri e agora que falava com Lorenza recordava bem: não quisera explicar-lhe que a ternura dos outros o surpreendia porque lhe faltava muitas vezes a coragem de ser generoso. Acontecia pensar que era tempo perdido, ninguém o compreendia e interpretariam mal os seus gestos. Só depois voltava a arriscar, a entregar-se. Luciana tinha razão: aos seus doentes, confiava-se, oferecia-se. Mas nem então sentia a consciência tranquila. O hospital, o consultório, os doentes não, representariam um mundo à parte que o defendia e aquecia, protegia da realidade que o chocava e lhe parecia abaixo da sonhada? E o sonho não era um grandíssimo disparate?

— Olha — disse Lorenza —, ainda bem que gostas das minhas amêndoas. Já é qualquer coisa...
— Sim, já é qualquer coisa...

Era qualquer coisa, uma amêndoa que ela lhe oferecia, mas querer qualquer coisa não era fácil. Mais fácil aceitar o que lhe dava. Se fosse honesto, reconheceria que nem sempre aceitava o que ela lhe dava e vinha de dentro dela. Fingia que não percebia e deixava-a de mãos estendidas. Era mais fácil aceitar os objectos: pesavam menos do que as almas.

— Sim, já é qualquer coisa... — repetiu.

E Lorenza pensou:
“Consolo-o com as amêndoas. Vá lá, ao menos isso!. Pelo visto, não procuramos mais nada.”

Era injusta. Desejar mais era uma aflição. Bastava a dor ou a tranquilidade da própria solidão. Pertencia-lhes e cuidavam-na, conheciam-na. Não queriam nada dos outros e viviam na carência, que preferiam. Abrirem-se seria um sacrifício mais doloroso do que suportarem a falta e a solidão. Tentavam apoiar-se nos sofrimentos, inseguranças, incertezas. E no gosto de se julgarem incompreendidos e abandonados. Lá no âmago, reconheciam a pobreza, mas insistiam: defesa frágil, pequeno muro erguido conforme fora sendo possível, contra eles próprios e contra o resto. Tão baixo que viam tudo por cima dele: as suas fraquezas e a realidade que os circundava e onde nunca se sentiriam bem. Mas haviam escolhido e não se abdica, facilmente, das escolhas.

— Não podes impedir-me de ter sono...

Lorenza abandonara-se ao cansaço. Em Treviso, reclinada no sofá da sala, desprotegida, escondera o rosto entre os braços e estendera as pernas. Com o corpo dele à frente, de que fugia? Que é que não queria que ele a impedisse de ter? Abandono, lassidão, os olhos escondidos, o corpo à disposição, que significava? Recusava-se, fechava-se, escapava ou estava à espera de que a contrariasse e a trouxesse outra vez para o pé dele e não levasse a sério o que dizia?

“Vou mexer-te”, pensou Andrea. “Amar é uma grande responsabilidade, uma coisa séria, mas não resisto.”

Levantou-lhe o rosto e viu os olhos assustados como se não o esperasse. Mas, lá no fundo, no azul da íris, a palpitar ao sabor das lágrimas, percebeu que ainda estava ligada a ele: tinha a expressão de uma pessoa que pedia qualquer coisa a outra.

— Porque choras?
— Eu? Eu não estou a chorar...
E escondeu o rosto nas mãos dele.

Andrea afagou-lhe os cabelos.
— Pois não, não estás a chorar. Nem há razão.
— Achas? — perguntou ela, as faces em brasa e molhadas.
— Acho. Gosto de ti. Dá cá um beijo...

Ela fugiu-lhe com a boca e ele beijou-lhe o nariz e, porque se retraía, os olhos e as sobrancelhas.

— Estás a fugir, estás sempre a fugir. E o que tu querias era isto. Era isto que te fazia bem, que nos fazia falta.
— O quê? Os teus beijos?

Já tudo se modificara. Não olhava da mesma maneira, o sorriso, resignado e melancólico, feria-o: havia, nele, ironia e desafio.

— Não preciso dos teus beijos... — acrescentou Lorenza mas, quando insistiu, deixou que continuasse a beijá-la.

“Sou incapaz de me afastar de ti” pensou Andrea “Tenho medo. O mal foi conhecer-te. É tarde. Mas se eu quiser... “

O que ele queria era aquilo: o cheiro dela e o consentimento. E, se tinha consciência (uma ideia que o perseguia), se não ignorava que o gosto e o prazer correspondiam, em parte, ao egoísmo (e, por isso, a ideia o perseguia e atormentava: temia dever reconhecer-se culpado, diante dela), não os corrigia.

— Se eu quiser... — disse.
— O quê? — perguntou Lorenza e fingiu que não estava abraçada a ele e aconchegou-se.
— Sim, se eu quiser — repetiu Andrea.
— Então, vê lá se queres!

Não entendera. O que Andrea queria -pensara-o- era ir-se embora. Custou-lhe que ela julgasse que desejava entregar-se-lhe ou obrigá-la a entregar-se. Sentiu-se traidor e ridículo, a boa-fé de Lorenza confundia-o. Acreditava na vontade de tê-la, não entendera. Responsabilizava-o. Não entendera? Parecia-lhe perceber na sua voz ironia e cepticismo. Afinal, que sabia? Fingia-se cândida, para o magoar?

— Tens medo? — insistiu ela.
Andrea, desorientado, murmurou:
— Tenho.
— Também eu, mas, enquanto dura, que dure.

No sobressalto em que se misturavam alegria e cepticismo, tirara da frase de Andrea o que lhe convinha: que fosse capaz de a ter. Mas as ilusões duram o que duram. E porque se queria sua companheira, chegou-se mais a ele:
— Deixa lá. Está-se aqui muito bem.

Ele não sabia que fazer das mãos dela e, meio divertido, meio assustado, perguntou-lhe:
— Até quando?
— Ai isso não sei.

Tinha-a quase ao colo e ela abandonara-lhe o corpo. Em vez de continuar a apertá-la, afastou-se.
— Nem eu sei. Quem sabe? Mas foi bom, não foi? Tens razão, estivemos aqui bem.

Não o dizia como se falasse de uma brincadeira: era agressivo, quase grosseiro; parecia que queria recuperar qualquer coisa que perdera, ou receava perder. E Lorenza, que o acompanhara instintivamente no gesto, exclamou:
— Chega-te para lá! Sufocas-me!

Dissera-o, a defender-se. Não tinha ilusões mas esperava mais de Andrea e de si própria. Cansava-a aquilo tudo, era mole, viscoso. Fora ele que afastara o corpo, mas não o queria. Agora, não o queria.

— Sufoco-te? Porquê? És injusta. Gosto de ti, sou teu amigo.

Feriu-a ainda mais:
— Não sejas hipócrita!

Gostava dela? Era seu amigo? E empurrava-a, escapava, refugiava-se nas suas quintas, na casa de Treviso.

— Eu não sou um hipócrita. — retorquiu Andrea, que se levantou e acendeu um cigarro, encostado à janela.

Viu-o de olhos baixos, com o cigarro entre os dedos, a esconder-lhe o rosto, e pareceu-lhe frágil, inseguro, tão estranho como ela naquela casa. E já ia de novo ao seu encontro.

— Não és, mas, pareces. Tens de ter juízo...
— Tenho cuidado de mais. Antes não tivesse. Sobra-me juízo.

E chegado ao vidro escuro, porque entardecia, julgou entendê-la: “Esperava outra coisa, esperava que não a largasse. Se calhar, podia tê-la agora aqui. E era o que ela queria, não queria senão isso. Veio a minha casa, deitou-se no sofá, para isso. Meteu-me a cara nas mãos e encostou-me os seios, tocou-me no peito, porque esperava que eu correspondesse, me entregasse e acalmasse o seu desejo. Qual? O do momento? E os que teve pela grega e pelos amigos dos cruzeiros? E aqueles de que nunca me falou, nunca me deixou saber? Chama piccolo mondo, à cena onde se esconde. Que mundo? Ninguém o conhece. As portas e as janelas estão fechadas. Agora, agarrou-se a mim, provei-lhe o suor e senti-lhe a carne dura, às vezes doce; mas não me convence.”

Ela interrompeu-o:
-És capaz de ter razão, cuidas-te de mais. Entendo. Temos medo os dois. Também eu sou cuidadosa. Dou-te um beijo e fujo.

Beijou-o na face e afastou-se. Ficou a olhar, com um sorriso meigo em que ele reconheceu tristeza e provocação: era doçura que só existia porque estava ali à frente e ela talvez esperasse que, apesar de tudo, a procurasse.

-Enganei-me. Não devíamos ter cuidado nenhum — disse Andrea.
-Exageramos... –murmurou Lorenza.

Não precisava que lho confirmasse:
-Perdemos muito tempo. O Gabriele diz que voa. A água do rio passa uma vez junto à margem.
-É tarde de mais?

Não respondeu. Gostaria de lhe dizer:
-“Perdemos tempo porque andaste sempre longe e nunca me ligaste nenhuma. Querias pouco. Os teus amigos bastavam-te. És tu a responsável.”

E também:

“Admiras-te que eu desconfie de ti? Foi sempre com os outros que te entendeste bem.“

Lorenza viera a Treviso para lhe provar que não tinha medo? Como quem arrisca a última carta, a decisiva? Aceitara, contrariado. E, agora, era aquilo: a conversa de surdos.

-Anda lá fora.

No jardim, colheu flores e ofereceu-lhe.
-São tuas.
— As flores roubadas!

Ela sorriu e ele viu o mundo de que estava excluído, o infinito do sonho de que nunca participaria.

— Não são roubadas. Sou eu em que te as dá. -respondeu, áspero.
— Só as flores?
-Querias mais?
Lorenza cheirou as flores.
— Dás pouco de ti. Não te entregas. Queres agarrar mas não deixas que te agarrem. Para ti, sou um objecto. Não te amo.
— E tu? Como és? — perguntou Andrea.

Ela virou-lhe as costas e continuou em frente.
-Tens um jardim muito bonito.
Andrea explicou:
— Estes são amores-perfeitos. Há rosas e margaridas... Além, há um lago. Quando viveres aqui...
— Será difícil.
— Não gostaste da casa?
— Gostei. Agora quero voltar a Veneza.
Ele consentiu:
-Eu levo-te.

quarta-feira, 24 de fevereiro de 2010

Será que uma gralha apanhou os apóstolos distraídos e atirou-se às bicadas aos Evangelhos?...

Erlich, in El Pais, 24/02/2010


"-Padre, andam para aí a dizer que Jesus era pobre"

"-Ai, minha filha... Já não sabem que fazer para destruir a Igreja.

Malcolm Lowry: uma peregrinação obrigatória

capa da tradução na Relógio d'Água






... o sacrário onde se guarda o 'mescalito'?...












em Vancouver?...







em Paris...








...ele e o mistério das coisas...





Leio e releio uma das obras-primas do romance dos nossos dias: Under The Volcano (1947), de Malcolm Lowry (1909-1957).

Abro ao acaso, mergulho no mundo fantástico, trágico e poético do Cônsul, Geoffrey Firmin, que se mata, lenta, conscienciosa e metodicamente, algures, no México, a garrafa de mescal –do mescalito- sempre à mão.

Pertenço, pois, ao pequeno grupo -umas centenas de milhares- que, mundo fora, continuam a deslumbrar-se com as páginas extraordinárias do inglês lúcido, apaixonado e desesperado.

Aldo Zari -o pintor mais pobre de Veneza- retratou-o, num quadro a óleo magistral. Impossível reproduzi-lo, aqui. Um dia será.

Assim, deixo, acima, retratos e a capa da recente tradução na benemérita -e nunca suficientemente louvada e gratificada- editora Relógio d’Água.




A ver se trago mais um para o "Clube Malcolm Lowry" –e porque, em tempo estéril e de vacas magríssimas, devo lembrar um Génio.

'O Pássaro de Vidro' -Parte IIIª VI

'Inspiração", óleo de Matisse (1869-1954)



Ficaram agradecidos a Gabriele Trevisan e a pensarem que continuariam sozinhos. Dias depois, em Treviso, Lorenza diria a Andrea:
— Gabriele tinha razão. Vamos chegar à velhice, sempre nisto.
— O Gabriele...
— O Gabriele, o quê?
— O Gabriele é assim porque a vida lhe correu mal.

Lorenza conhecia-o, mas não sabia nada da vida dele: um homem de sessenta anos, casado, trabalhava nos correios e, à noite, corria as osterie de Veneza. Às vezes, via-o com a mulher, alta e forte, de poucas falas, seca. Preferia encontrá-lo sozinho: era outro, como se estivesse à espera de que reparassem nele e o arrancassem à solidão. Tinha dentro de si um mundo que escondia mas queria partilhar, se o adivinhassem.

— Por que é que lhe correu mal?
— Tem um filho que se droga e outro que se casou e ele ajuda porque não ganha o suficiente. O que se droga, já não se droga mas ficou parado em casa e Gabriele não sabe o que lhe há-de fazer. Parece que anda a estudar outra vez. E é por isso que é pessimista.

Lorenza nunca o achara pessimista: com o fogo que trazia na barriga e que a cerveja não apagava, parecera-lhe exposto, indefeso, mas pronto a ajudar, a compreender e respeitador dos outros.

— Não julgo que seja pessimista. É uma pessoa boa, que tem dificuldades, como nós.
—As nossas dificuldades? É uma obsessão! —impacientou-se Andrea.
— Se calhar é uma obsessão, mas não faz mal. Aguentamo-nos. Achas pouco?
Ela respondia o que deveria ter sido ele a dizer.
— Não acho pouco, mas mais valia que nos entendêssemos.
— Ai sim? Mais valia, mas nunca fomos capazes.
— Querias-nos como o Gabriele? Sem rei nem roque?
-Sem rei nem roque, andamos nós. Enganas-te, o Gabriele sabe qual é o seu rei.
Andrea sorriu:
— E qual é?
—A generosidade. Tem um preço, eu sei. Já viste como é fácil feri-lo?
— Nós não o ferimos...
— Fizemos pior: deixámo-lo sozinho, ele estava a pensar em nós.

Andrea, sempre atento a Lorenza, quase não reparara em Gabriele. Os outros formavam um cenário que valia, apenas, porque ela podia mover-se no meio e a beleza da sua juventude triunfava. Não queria outra coisa.

— Sinto-me incomodado, dói-me o corpo, esta conversa não vale nada! Interessa-te assim tanto a vida de Gabriel? Não a metas aqui! E nós? Quando nos encontramos, complica-se tudo! Não nos entendemos mas temos de compreender os outros!

Lorenza sentiu ternura por ele, como se falasse a uma criança, e isso reconfortou-a:
—Deixa lá. Estou aqui.
Abriu a bolsa e perguntou:
— Queres uma amêndoa?

Nem Gabriele Trevisan, com a generosidade e a indulgência, nem ninguém podia resolver-lhes a vida e não o queria ver aflito.

— Muito obrigado — disse Andrea, que aceitou e a mastigou toda.
— Sabe bem?

Sabia-lhe bem mas pesava na boca, em cima da língua, a bater-lhe nos dentes, não queria que ela lhe desse nada. A pele, no corpo, parecia de galinha. Preferia ficar sozinho.

— Não te entendes com os outros — dissera-lhe Luciana Valeri, que o vira indeciso, ao balcão do Volto, a espreitar o corpo da rapariga ao lado — Tens medo? Fala-lhe! Mexe-lhe!

Não lhe mexera, nem lhe falara. A rapariga que estava ao seu lado era um corpo que lhe apetecia: os seios, as coxas, que adivinhava por debaixo da saia e que levantavam o pano e que parecia que o assopravam, a cor da pele, branca, tão suave, os cabelos, que não eram curtos, nem compridos, eram uns fios em que quereria meter os dedos porque, no meio deles, os dedos deveriam abrir-se, repousar.

—Não te preocupes! — respondera Andrea. — Se eu não lhe falar não tem importância. O que me admira é que tu sejas tão minha amiga.
— Essa agora! — exclamou Luciana, com os olhos verdes a espreitarem por debaixo da aba do chapéu. — Por que é que te admiras?
— Surpreende-me que as pessoas sejam verdadeiras, se confiem, assim como tu, que és tão minha amiga que te preocupas comigo. Esta aqui, com o corpo a palpitar e só coberto pelo vestido, que não se importa que eu olhe para ela e a dispa, até gostaria, porque isso a lisonjeia e quer que a dispam e apreciem, também me surpreende. E, ao mesmo tempo, as pessoas vivem separadas, agarradas ao coração que bate sozinho, sem saberem se vai parar, se a insa­tisfação que sentem é mesmo isso: o fim.

Luciana, que tinha uma filha e a amava carnalmente, pôde responder-lhe:
—É verdade. Mas, enquanto não estoira, mais vale gostar dos outros. Ou o que fazias de ti?
E, a saber que por trás do que ele dizia havia outras coisas, acrescentou:
— E tu o que fazes? Ó doutor! O que fazes pelos, teus doentes? Não me venhas com essas conversas! Toda a gente diz bem de ti!

— Aumentas sempre... Sim, tens razão, antes que arrebente, mais vale fazer alguma coisa. Não sou nenhum médico especial, sou como os outros. Talvez faça o que posso, talvez. Mas surpreende-me sempre a ternura dos outros.
— És tão pessimista? Devia dar-te alegria!
— Não é uma questão de pessimismo. Sou assim e não consigo ser de outra maneira.
Virou-se para a que estava ao lado e perguntou-lhe:
— Não trabalha no hospital? Tenho a impressão que a conheço.
— Não, não trabalho no hospital mas também tenho a impressão que o conheço.

terça-feira, 23 de fevereiro de 2010

Um grande pintor, uma grande exposição -se puder vá a Roma!

'Narciso', óleo de Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610)


Fervor romano por Caravaggio
por Miguel Mora



Colas interminables y furor popular ante la más rigurosa exposición del maestro de la luz y la tiniebla, mientras los científicos buscan sus restos

Los misterios y leyendas de Caravaggio siguen en pie 400 años después de su muerte. Se cuenta por ejemplo que Michelangelo Merisi (Milán, 1571 - Porto Ercole, 1610) pintó en sus 38 años de vida y apenas 18 de oficio un centenar de obras, pero la exposición más rigurosa que se ha celebrado nunca sobre su pintura, la que se abrió el sábado en las Caballerizas del Quirinal romano, solo reúne 23 cuadros.

Las filas para ver las tinieblas y la luz, la mirada a caballo entre lo hereje y lo sagrado del genial macarra lombardo, amigo de prostitutas, músicos y gitanos, protagonista de fugas y pendencias, mimado por nobles y papas hasta que fue condenado a muerte por asesinato, han sido enormes todo el fin de semana. Unas 55.000 personas tienen ya reservada su entrada.
La pasión por Caravaggio no tiene fin en Italia: es un ídolo nacional-popular, y en los años sesenta llegó a ser mixtificado como precursor del naturalismo impresionista de Pasolini. Como el amor es ciego, del centenar de obras atribuidas a él o a su taller, los responsables de la exposición (Rossella Vodret y Francesco Buranelli) han rebajado finalmente la cifra hasta 40.
La exposición no reúne todas, pero todo lo que muestra tiene certificado de autoría "documentado". Y se ve junto por primera vez, porque llegan de medio planeta: San Petersburgo, Berlín, Viena, Texas o Tokio. Además, cuelga una tela de dudosa atribución, La captura de Cristo en el huerto, traída desde Dublín para zanjar con un ejemplo la polémica.

El recorrido se abre con el bodegón Cesto de fruta, joya de la Pinacoteca Ambrosiana que en cuatro siglos no ha salido de allí, y ofrece tres versiones distintas del San Juan Bautista (Museos Capitolinos y galería Corsini de Roma, y Nelson Atkins de Kansas, Estados Unidos) y dos de la Cena en Emmaus (National Gallery de Londres y Pinacoteca de Brera).

La visita es un placer exquisito, y se puede ampliar en las céntricas iglesias de Santa María del Popolo, San Luis de los Franceses y San Agustín, donde residen otros seis cuadros monumentales, o descubriendo un tesoro oculto: el óleo sobre pared del Casino Ludovisi, nunca antes expuesto al público.

Algunos autores lamentan la ausencia de algunas obras sicilianas y napolitanas (La flagelación llegará desde Capodimonte en abril), pero todos han sucumbido a la belleza y el rigor de la propuesta, que permite reconstruir la vida nómada de Merisi desde su llegada como joven indigente a Roma hasta su muerte prematura.

Nacido en familia noble, Caravaggio tomó el apodo del pueblo donde se casaron sus padres y se quedó huérfano muy joven. Gracias a la amistad de su abuelo con la marquesa Colonna, hermana del cardenal Ascanio, a los doce años marchó a Roma con su tío Ludovico, que era cura, y fue alojado por el canónigo de San Pedro, Pandolfo Pucci, al que el pintor llamaba "monseñor ensalada", se supone que por la austeridad de su cocina.

Tras frecuentar varios talleres, los encargos públicos en San Luis y Santa María (1599) le dieron fama entre los coleccionistas religiosos, lo que implicaría algunos reveses y devoluciones: a su pintura le faltaba decoro. Enseguida su carácter bravío le llevaría a la cárcel: firmó un libelo contra dos pintores bien situados, y escapó a Ascoli Piceno y luego a Génova, donde mataría a Ranuccio Tomassoni por un banal duelo a la pallacorda, el tenis de entonces.

Condenado a la pena capital, en 1606 aparece en Nápoles, donde realiza numerosas palas de altar. Un año después está en Malta, y el masón Alof de Wignancourt, al que retrata, intercede por él ante el Papa. Metido en otra bronca y otra vez en prisión, huye a Siracusa, Messina y Palermo, donde pinta en 1609 La Natividad. El cuadro fue robado por la mafia hace 40 años, y según certican varios pentiti preside todas las reuniones importantes de la cúpula de Cosa Nostra.

Caravaggio huyó entonces a Nápoles, donde sufrió un atentado antes de navegar hasta Civitavecchia en una chalupa cargada de cuadros, que acabarían secuestrados por la fuerza pública. Enfermo y solo, muere en el hospital de Porto Ercole el 18 de julio de 1610. Allí, en la cripta de una capilla, un grupo de científicos busca estos días sus restos con pigmentos entre docenas de calaveras.

transcrito, com a devida vénia, de El Pais, 23/02/2010

A que mãos foram parar os nossos ideais?...

Erlich, in El Pais, 23/02/2010



"-O nosso maior problema é a segurança.
"-Sim, estamos cada vez menos seguros diante do crime.
"-Não. Estamos cada vez menos seguros das nossas convicções democráticas.

segunda-feira, 22 de fevereiro de 2010

'O Pássaro de Vidro' -Parte III V

óleo de Mark Rothko (1903-1970)




... Mas durou pouco aquele entusiasmo. Tinham metido ao meio Luciana VaIeri, para se suportarem. E suportaram-se. Apreciaram-se, estimaram-se, mas, quando Luciana e a filha foram embora, perceberam que era complicado.

-A Luciana! — lembrara, depois, Lorenza. — Tão amiga! Uma irmã mais velha, a aconselhar-nos.
E sorrira:
- Nós precisamos de conselhos?
— De alguns precisamos.

Recordavam aquele fim de tarde, o Volto, onde encontraram Memmo e Gabriele Trevisan.
— Olha quem chega! — exclamara o Alberto.

E tinham ficado a beber e a conversar, frente ao balcão, a verem a noite cair lá fora, apertados porque a sala era pequena, com as luzes em cima e as borboletas à volta e o que as pessoas diziam e o alívio que sentiam. Livres, continuavam juntos. Andrea piscou o olho a Lorenza e disse a Gabriele Trevisan:
— Sempre com a cervejinha.

Gabriele Trevisan, que segurava o copo da cerveja à altura do cinto e ria, a olhar para cima porque Andrea era mais alto do que ele, parecia desequilibrar-se e equilibrava-se nas pernas curtas e oscilava, os olhos brilhavam, apesar de embaciados pelo álcool e, por isso, vulneráveis, a fraqueza aparente, que atraía a simpatia dos outros, Gabriele Trevisan, enquanto Alberto Memmo lhe punha a mão no ombro e, a rir, entornava o vinho sobre as barbas, replicou:

-Com quem querias que estivesse? Já não tenho a tua idade e, além disso, uma cerveja é uma cerveja, custa pouco e faz bem à alma! À alma, percebes?! Nem todos respeitam essa coisa!

E bateu com a mão no peito magro. Andrea sorriu e concordou:
—Às vezes não damos pela sorte que temos.
—Ainda bem que percebes. Julgas que eu ando, a apanhar gambozinos?!
— És um fidalgo!

Dizia-o a sério, Trevisan sempre o encantara: a lhaneza e a generosidade, o respeito pelos outros e por si próprio. Nunca quebrava, com a birra picola ou sem ela, apertada nos dedos trémulos de alcoólico bom.

Alberto Memmo atalhou:
— Sim, um fidalgo. Mas não lhe peças mais do que o que te pode dar. Agrada-te a simpatia deste amigo mas não procures nele o esquecimento das tuas dificuldades. Ou, então, não és seu amigo: estás a ver se o aproveitas para escapares.

— É claro que Andrea percebe! — interrompeu Lorenza, secamente.

Ficaram a olhar: o que é que ela queria?

— Deixa lá, não tem importância –contemporizou Andrea.

E Gabriele Trevisan, com o sorriso aberto e irónico, desenganado e pronto a amar, carinhoso e desesperado, quem ia além da solidão?, respondeu-lhes:
— Não tem importância nenhuma. Fioi, meus filhos, eu podia ser vosso pai e digo-vos que não tem importância nenhuma. Eu que percebo tudo. Não é só o Andrea que percebe. Eu também percebo.

Alberto Memmo disse:
— A estes meninos, devemo-lhes, muita ternura.
E Gabriele Trevisan, apontou Lorenza e Andrea e perguntou ao copeiro:
— Não serves dois brancos?
— Eu quero um Sauvignon — pediu Alberto.
— Quatro Sauvignon, quatro bons Sauvignon –disse Gabriele- Tens aí?
O empregado foi buscar uma garrafa:
— É do melhor!
-Ainda bem! — exclamou Alberto. — Quem é que podia beber outra coisa?
E virou-se para Andrea e Lorenza:
— Vamos a isto!
-Vamos a isto! — repetiu Gabriele, a despachar a cerveja meia cheia.
— Pois claro! — concordou Lorenza. — Sauvignon ou o que for!

Alberto Memmo pediu ao empregado que servisse também corações de alcachofras temperados com azeite, salsa, sal e pimenta.

— Boa ideia! — exclamou Lorenza. — Fica bem com o vinho!
— Olha a novidade! — disse, satisfeito, Gabriele Trevisan. — Nunca tinhas provado?
— Já — respondeu Lorenza —, mas estes são especiais...
— Gostas de vinho e de petiscos? — perguntou-lhe Andrea.
— Às vezes sim — respondeu Lorenza.

Sabia que estava a provocá-la e não acreditava que a boa vontade dos outros resolvesse o problema. Ele também não queria que ela acreditasse e receava que se deixasse iludir pela delicadeza dos amigos e, assim, lhe fugisse. Preferia que continuassem na dúvida e na angústia e não fugisse de onde ele queria que ela estivesse: à frente dele, com as dificuldades. Sim, talvez tivesse razão, talvez se afastassem quando nem as dificuldades os unissem.

— É uma coisa diferente!
— Pois claro! É bom o vinho e os petiscos...

Os dois, Gabriele Trevisan e Alberto, Memmo, perceberam que não tinham resolvido nada.
— Ainda bem — concordou Gabriele —, nem se queria outra coisa!

Dissera-o sem convicção e tinha motivo para isso: nada os acalmava, era inútil a delicadeza.

Alberto Memmo interveio:
-Quando se gosta de vinho e de petiscos, ama-se melhor. E não é isso que vocês andam a fazer, a amarem-se?

Lorenza e Andrea riram.
— A amar-nos? Quem dera! –disse Andrea.
— Era bem bom! — confirmou Lorenza.

O riso escondia defesa e hipocrisia. Chegavam-se um ao outro mas aquela alegria tinham-na improvisado para que não os atingissem. iam-se, a saberem que, atrás, não havia alegria nenhuma mas isso era com eles e queriam guardá-lo, pertencia-lhes. Quase acreditaram, quase se libertaram do lastro, do que traziam às costas, desconfianças, agressões, injustiças. Andrea desabafou:
-Que bom que era, se soubéssemos amar-nos! E, se calhar, é verdade! Precisamos um do outro...
E, outra vez inseguro, perguntou a Lorenza:
-Não achas?
À mercê e assustada, Lorenza hesitou e respondeu:
— Acho que sim.

De fugida e a esconderem aos outros, apertaram as mãos. Demoraram um instante o olhar um no outro e logo o baixaram. Estavam tão perto que, por um bocadinho, se encontravam. Mas tudo haveria de voltar ao mesmo. Gabriele Trevisan percebeu que sofriam e mereciam ser felizes.
— Ora bolas! –exclamou.

Entornara a cerveja nas calças, tinha os olhos e as bochechas congestionados. Alberto Memmo ajudou-o a limpar as calças e empurrou-o para a frente, a ver se ele se equilibrava, e ele, que se equilibrava e que entornara a cerveja porque se emocionara, agarrou o braço de Andrea e gritou:
— Meninos! Não pode ser! Isto passa a correr! A vossa juventude, a de vocês os dois, está a fugir e não podem amar-se quando forem velhinhos!

Alberto que o via indefeso (“Não são só eles são os passarinhos, nós também levamos a vida às costas e não é fácil”), impacientou-se:
— O que temos com isso? Deixa-os lá com os problemas deles!

Alberto Memmo, exagerava, a defender o amigo. Havia em Gabriele ingenuidade e fragilidade aparentes. Não era um fraco mas naquele momento custava-lhe que o vissem entornar a cerveja porque se afligira. Julgavam que estava bêbedo. Mas Alberto sabia que a embriaguez se cruzava nas cordas da alma com os sentimentos e o álcool, a insatisfação de sempre e a cerveja das garrafas pequeninas, e não queria que troçassem dele.
— Os nossos amigos já são crescidos!
Gabriele Trevisan não concordou:
— Os nossos amigos andam desorientados e não fica nada mal ajudá-los!
— Em quê? — perguntou Lorenza.

Entendera o que ele sentia: vergonha por entornar a cerveja nas calças e revolta por quererem protegê-lo. A vontade de os ajudar que lhe via nos olhos aflitos e determinados. E, antes que ele respondesse, com a simpatia que conseguiu juntar, inclinada para ele e quase a acariciar-lhe os cabelos brancos, disse:
— Isto foi sol de pouca dura. Tem razão, andámos por aí às voltas.
— A encanar a perna à rã -cortou Andrea.
— Sim, a encanar a perna à rã.
Mas, como não era uma resposta suficiente e não pagava o sacrifício de Gabriele, acrescentou:
—O Andrea veio agora com a história da rã. E tem razão: andamos coxos há muito tempo. Desorientados. Mas o que ele não quer é ouvir as verdades.

Gabriele Trevisan, os olhos radiantes, a retractar-se e a abençoá-los, exclamou:
— Eu é que exagerei! Ninguém gosta de ouvir as verdades! Vocês, fioi, hão-de ser felizes!

A "cultura", a faca e o alguidar...




"Viva la muerte"
por Manuel António Pina


Só nos faltava esta: uma ministra da Cultura para quem divertir-se com o sofrimento e morte de animais é... cultura. Anote-se o seu nome, porque ele ficará nos anais das costas largas que a "cultura" tinha no século XXI em Portugal: Gabriela Canavilhas. É esse o nome que assina o ominoso despacho publicado ontem no DR criando uma "Secção de Tauromaquia" no Conselho Nacional de Cultura. Ninguém se espante se, a seguir, vier uma "Secção de Lutas de Cães" ou mesmo, quem sabe?, uma de "Mutilação Genital Feminina", outras respeitáveis tradições culturais que, como a tauromaquia, há que "dignificar".

O património arquitectónico cai aos bocados? A ministra foi ali ao lado "dignificar" as touradas. O património arqueológico degrada-se? Chove nos museus, não há pessoal, visitantes ainda menos? O teatro, o cinema, a dança, morrem à míngua? Os jovens não lêem? As artes estiolam? A ministra foi aos touros e grita "olés" e pede orelhas e sangue no Campo Pequeno. Diz-se que Canavilhas toca piano. Provavelmente também fala Francês. E houve quem tenha julgado que isso basta para se ser ministro da Cultura...


transcrito, com a devida vénia, de Jornal de Notícias, 23/02/2010

Tolinhos a quem pagam dinheiro...

...o tolinho bem disposto...


O que me aflige é os locutores desportivos analfabetizarem o pessoal.

Para o paraguaio do SLB arranjaram o nome de Cárdozo...

Para o columbiano do FCP... Falcau...

Ora que injustiça!

Pois se o Cárdozo gostaria que lhe chamassem Cardoso... e o Falcau sempre se quis e reconheceu como um Falcão!!!!

E lá vamos traindo quem trabalha e imbecilizando todos, porque nos informa um grupinho de ignorantes...

Aí está ele: o Pac, o Processo de Analfabetização em Curso...

O Bucho de ossos do Sabugal

Castelo do Sabugal: uma terra nobre




... aqueles que lutam para a salvar...



Aconteceu um milagre! Caiu-me em casa o bucho de ossos do Sabugal! E mais um queijo de cabra!

E, além disso, uma alma honesta: o José Carlos Lages, de honestidade franca da Beira, que seja Raia, ninguém dobra ninguém e todos se apresentam com o que têm para dar: amizade limpa.

O bucho é oferta da Natália Bispo, Casa do Castelo, assim a modo de quem luta contra a destruição da sua terra, já sabemos, o Sabugal.

Terra nobre e de tradições e de um grande escritor, o nosso ( porque já se ouve a sua voz por toda a parte, graças ao Jornal de Notícias e se calhar da Visão (que não leio porque é chata para burro) -o Manuel António Pina!
Terra de homens que não dobram a espinha.

Terra, se Deus tiver pachorra para aceitar, de cristãos e de judeus e, oxalá, de árabes.

A terra da Natália!

Que bom que foi aprender com o José Carlos a cozinhar o bucho!

Faltou o vinho da região. Fica para a próxima vez, ó Natália, cá o espero!

Mas, na despensa -porque nesta porcaria progressista do Estoril proibiram as adegas- havia um tinto bué (pois, bué, porque a maravilha africana -a imigração que nem é imigração porque são os nossos mais próximos, existe e oxalá se multiplique) das caves do Redondo. Vinho de 15 º, com corpo, de tal maneira com corpo que lembrei os olhos tão negros e as ancas tão bem tiradas das alentejanas e a boca vermelha e as mãos de seda...
E lá voltei ao tempo ido... ao Cida, ao Manisco... ao Pad'Zé, que morreu professor, no Sabugal, esquecido do sítio onde ia morrer, ao nosso santo do Rochoso, o José Pires Sanches... vizinho dali ao lado e poeta da poesia escondida (tão escondida que já se esqueceu dela e a reescreve todos os dias e fica com ela nas mãos, assim como rosas, sem saber que destino lhe dar...).

E lá voltei eu à minha (nossa) Beira, eu, um apólide que andou por quatro países e três continentes... Fora cá o nosso, que amamos tanto e odiamos tanto! Mas é o nosso.

Dizem que se deve escrever curto, no blog. Será verdade? Se for, fico por aqui. Se não for, fica para a próxima.

Ah!, que belo jantar: um bucho de 5***** estrelas do Sabugal!

O 1º Centenário da 1ª República e a realidade podre que tentou (em vão) modificar...

...o escultor João da Nova (aliás João da Silva) trabalha o busto da República***




Eça de Queirós


Leio, na interessantíssima obra de A. Campos Matos, Eça de Queiroz, Uma Biografia, ora lançada pelas Edições Afrontamento:

‘Caciquismo e clientelismo marcaram a vida política à escala regional e local. No país real impera a pobreza, o analfabetismo e a emigração. O analfabetismo atingia em 1878, ano da publicação d’O Primo Basílio, a espantosa cifra de 80% da população. Como essa população era então de 4 milhões de habitantes, apenas 800.000 almas eram capazes de ler. Mas dessa cifra apenas um reduzido número teria apetência ou capacidade de leitura’

Entrava-se no último quartel do Séc. XIX, a geração de 70, Eça, Oliveira Martins, Antero iriam espernear em vão. Como se poderia civilizar um país de tal modo atrasado, manipulado, explorado, chupado até ao tutano?

Não admira, pois, que a 1ª República, cujo 1º centenário celebramos, durasse uns magros 16 anos.

Ele eram os cacique, os curas (que souberam inventar Fátima, negócio que prospera a olhos vistos e a todos os níveis), ele era, sobretudo, o analfabetismo e a marginalidade –ir a Badajoz ou a Madrid (quem iria a Paris???) citava-se, como dado importantíssimo, no currículo do cidadão ambicioso e... com algumas posses (porque só a esses era permitido ambicionar mais do que a fuga para o Brasil..., África -ó céus!- era degredo).

Hoje, felizmente, já não é ontem; mas ainda caciquismo, clientelismo e o sinistro PAC (Processo de Analfabetização em Curso) estão na raiz da peixeirada política em que vivemos, com a engorda dos tubarões da banca e a crescente emigração.


***ao que consta, o modelo de que se serviu João da Nova era uma jovem alentejana, nascida em Arraiolos, que viera ganhar a vida para Lisboa, exercendo o ofício de costureira e morreu na década de 90, com 101 anos...

'O Pássaro de Vidro' -Parte III IVc

óleo de Giacomo Balla (1871-1958)


E, ainda virada para ele, encostada a ele, porque, contas feitas, poderia pensar outra coisa, dar o dito por não dito, e não queria que tudo acabasse, explicou:
— Eu gosto de ti, mas és muito complicado. Também eu sou muito complicada. Quando te vejo ou nos encontramos, sinto-me feliz. Mas, depois, sinto-me aflita: não sei se tu gostas de mim e serás capaz de me aceitar. Eu tenho dificuldades comigo própria e se calhar tu dás por isso e dizes: era o que faltava que tivesse de a compreender! Percebo, aceito que tu não tenhas de me compreender.
— É verdade. Mas nunca me esqueço de ti nem tu te esqueces de mim.
— Antes me esquecesse! — exclamou Lorenza.
— Porquê?
— Descansava mais!
— Então, por que é que não ficaste em casa?
— Tens razão...

Concordava: sabia que não fora sincera. A ausência não lhe daria descanso e não era a ausência dele que ela queria. Andrea era difícil, muitas vezes pesava-lhe, quase a sufocava mas era também simples e doce. Era complicado, quando aparecia a olhar para ela, mudo e a lançar-lhe olhares que não entendia, como se ela houvesse cometido alguma falta ou tivesse a obrigação de adivinhar o que estava por trás do seu silêncio. Quando se punha a dizer chalaças, sarcasmos e a desconversar, como se estarem juntos fosse a maior das desgraças e ela a culpada. Nessas alturas tinha vontade de se ir embora, libertar-se dele, gritar:

“Tu estás aflito e não te explicas e, depois, queres que eu adivinhe e cure a tua falta de ar! A mim é que me falta o ar! Com essa cara, essa atitude, até julgo que a responsabilidade é minha! Que sou eu que não sou capaz de te compreender ou de te arrancar a essa angústia. A esse fel! Boa prenda! Se desaparecesses... Se não gostas, muda!”

Mas acrescentou:
-Se eu tivesse ficado em casa, tinha paz!
— Pois é, se estivesses sossegada em casa, não vinhas ter comigo. Por que me arranhas?
— Sei lá!
Sorriu, a afastar os pensamentos e deixou que a enlaçasse.
— Afinal, onde é vamos?
Ele sentiu que lhe abandonara o corpo, a carne das ancas, o peito que esmagava contra ele porque a apertava, os cabelos e a boca, que bastava virar-se para a beijar.

— Por onde julgas que vamos? Por Veneza. Há muito tempo que não fazemos outra coisa ...
— E já não é mau! -disse Lorenza, encostada a ele e ainda a sorrir, não queria perdê-lo e não tinha certeza nenhuma - Mas, diz lá, onde é que vamos?
— É uma surpresa.

Não sabia. Tinham estado em todos os sítios. Já tinham estado da mesma maneira, em todos os sítios. A surpresa só poderia vir de dentro deles. O resto era a Veneza das osterie e dos cafés, das praças e dos os amigos. O cenário e os comparsas, que os cansavam. Não podiam pendurar-se, esconder-se atrás de panos ou agarrados a figurantes. Continuariam a andar por Veneza. Era a obrigação dele e a vontade dela. Iriam, outra vez, já não podiam refugiar-se em nenhum sítio, duas almas penadas obrigadas a verem-se tal qual eram.

— Olha a surpresa! –exclamou Andrea.

De uma esquina surgira Luciana Valeri, mais a filha. Andrea precipitou-se e levantou no ar a criança.
— Giovanna!
Ela agarrou-se-lhe ao pescoço e o Luciana perguntou-lhe, divertida:
— Andrea, o que é que te aconteceu? Sentes-te mal?

Perguntou-lhe, com um chapéu de abas e um vestido violeta e a boquilha entre cá e lá, entre os dedos e a boca.

— Larga a menina, que ainda a magoas!...
—Que linda! - disse Lorenza.
Luciana olhou para eles:
— Ainda bem que vos encontrei! Mas o que é que vos deu, perderam o juízo?

Ela sabia que há muito tinham perdido o juízo. “Estes são maluquinhos! Andam por aqui, às voltas e não se decidem. Agora descobriram a minha filha. É tudo mentira: querem fazer teatro. Agora gostam da Giovanna, daqui a bocado. gostam de outra coisa. Vão para o Volto, ou para o Million, pedem aos que lá estiverem que os ajudem. A gente conhece a história”.

Lorenza respondeu:
— Não perdemos o juízo! A tua filha é muito bonita, e nós somos amigos dos nossos amigos. Quem me dera ter uma filha assim!
— Ora, não tem nada de especial.

Ajudou a criança a equilibrar-se e pensou que Lorenza talvez fosse sincera, quisesse ter um filho. Viu-a, ao lado de Andrea, o corpo adolescente, os olhos a espreitarem o amigo, a boca fresca, a rir-se para a menina. “O que esta queria era isto mesmo, que ele lhe fizesse um filho. Quer sair da espera”.

— Vens connosco ao Volto? — perguntou Andrea.
— Com a Giovanna? Está bem. Já vi que estão precisados...
— Se não quiseres, não venhas! Olha que amiga!
— Está bem, não te zangues!
— És tão simpática! — disse Lorenza e agarrou-lhe o braço. — E tens uma filha tão bonita! O que vale são os amigos
— Pois é, é uma bonita menina... -condescendeu Luciana- Vamos, mas vocês tenham juízo. Não matem a galinha dos ovos de oiro!

Agradeceram-lhe, agarravam-se a ela por isso, enquanto andavam com ela não olhavam um para o outro nem pensavam em si próprios.

— Quem mata a galinha dos ovos de oiro?! —protestou Andrea.
E Lorenza:
— Ninguém quer matar a galinha dos ovos de oiro!
Luciana murmurou:
— Oxalá!

E Lorenza, que a ouvira, agarrou a mão de Andrea. A desconfiança da outra afligia-a, não queria que ninguém lhe dissesse o que já sabia. Puxou-o, separou-o de Luciana e de Giovanna, de tudo o que estava fora deles, e disse-lhe, à espera que só ele ouvisse:
— Oxalá isto dure!

Andrea apertou-lhe a mão e, enquanto iam, disse, a olhar para a frente e sem poder dizer-lho com a boca encostada ao ouvido dela, mas era a mesma coisa:
— Vais ver que dura.
E, porque tinha necessidade de lhe dizer que aquilo era uma coisa séria, que não podia acabar ali, acrescentou:
— Vais ver que dura, mesmo depois de acabar.