terça-feira, 3 de novembro de 2009

Francisco Ayala: a morte de um grande de Espanha

...com ele aprendi, nos idos de 1960, a amar a Literatura espanhola...





Muere Francisco Ayala, gran testigo de la literatura española del siglo XX
Novelista y ensayista de infinita curiosidad, ha fallecido hoy en Madrid a los 103 años

por Javier Rodríguez Marcos


"Soy un cómico que lleva años esperando a que se baje el telón, pero no termina de bajarse". Con estas palabras, pronunciadas en 2007, Francisco Ayala se refería a su longevidad, que se había convertido, por derecho propio, en todo un capítulo de la historia de la literatura española del siglo XX. Ese metafórico telón del que hablaba el escritor granadino, ha bajado esta misma mañana en Madrid pasadas las 12. El escritor, cuyos restos mortales serán trasladados a las 19.30 al tanatorio de San Isidro, sufrió esta primavera una bronquitis de la que ya no se recuperó. "De cabeza seguía lúcido, como siempre, pero el cuerpo ya no resistió", ha declarado a este periódico el poeta Luis García Montero, comisario de los actos del centenario de Francisco Ayala, un acontecimiento al que el propio autor, sobreponiéndose a su "innata timidez" asistió con humor y resignación: "Estoy cansado de mi nombre", llegó a decir recordando a Juan Ramón Jiménez.

Ayala había cumplido 103 años el pasado 16 de marzo. Era el último superviviente de la generación del 27 y, además de ser miembro de la Real Academia Española desde 1984, tenía los premios más importantes de las letras españolas: del Cervantes (en 1991) al Príncipe de Asturias (tres años antes).
Todos los honores le llegaron cuando volvió a España definitivamente en 1980. Entonces la miel del reconocimiento sustituyó a la hiel de un largo exilio que, con la Guerra Civil, le obligó a abandonar su cátedra de Sociología en la Universidad Complutense para dar con sus huesos en Argentina, Puerto Rico y Estados Unidos.
Ayala habló del telón que no terminaba de bajarse el día que se presentaba el primer tomo de sus obras completas en Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. "He escrito demasiado porque he vivido demasiado y además lo he hecho intensamente", dijo también aquel día. Seis tomos de más de 1.500 páginas cada uno reunirán cuando terminen de publicarse una obra oceánica en la que tienen una especial relevancia la narrativa y el ensayo.
Títulos como La cabeza del cordero, Muertes de perro, El jardín de las delicias o La invención el Quijote ocupan ya un lugar de honor en la historia de la literatura. Un lugar en el que sus memorias, Recuerdos y olvidos, tienen su propio espacio dentro del género autobiográfico.


transcrito, com a devida vénia de El Pais, 03/11/09

Transcrevo artigos em língua francesa porque não posso crer no desconheciento da língua de Montaigne e de Proust...







...apesar de não acreditar nem muito nem pouco na nova dona do ME, custa-me aceitar que o PAC (Processo de Analfabetização em Curso) ganhe a batalha...

Prémios em França: o Goncourt a uma sengalesa/francesa

...em louvor da mulher...

Le Goncourt à Marie NDiaye pour "Trois Femmes puissantes"

par Cristine Rousseau


Grâce à Trois Femmes puissantes (Gallimard), Marie NDiaye a remporté, lundi 2 novembre, le prix Goncourt. Elle a obtenu, dès le premier tour de scrutin, cinq voix, contre deux à Jean-Philippe Toussaint (La Vérité sur Marie, éd. de Minuit) et une voix à Delphine de Vigan (Les Heures souterraines, J.C. Lattès). Avec ce prix gagné face à deux auteurs Minuit – maison dans laquelle elle a longtemps publié – la romancière met fin à la "malédiction" du Femina. En effet, vieux reliquat des querelles entre les deux jurys, jusqu'alors aucun écrivain ayant obtenu le prix Femina n'avait réussi à obtenir le Goncourt. Notons également qu'avec Marie NDiaye, Gallimard remporte son 36e prix Goncourt. Plus que jamais donc, la maison de la rue Sébastien-Bottin affirme son hégémonie sur la plus haute distinction littéraire française.

Née le 4 juin 1967 à Pithiviers, d'un père sénégalais et d'une mère française, Marie NDiaye a passé son enfance en banlieue parisienne, où sa mère l'a élevée seule, avec son frère Pap NDiaye, aujourd'hui historien et grand spécialiste de la question noire en France. C'est à l'âge de 12 ans qu'elle commence à écrire avant d'être remarquée par Jérôme Lindon, patron des éditions de Minuit, qui publie son premier roman Quant au riche avenir (1985).

L'anecdote veut que le patron des éditions de Minuit se soit rendu lui-même, contrat en main, au lycée Lakanal pour rencontrer la jeune fille de 17 ans. A la suite de ce premier livre, salué par la critique, elle reçoit une lettre d'un lecteur qui n'est autre que Jean-Yves Cendrey, pas encore écrivain. Il deviendra son époux et le père de ses trois enfants.

En 1987, Marie NDiaye poursuit avec Comédie classique (POL), récit très joycien qui lui vaut d'être invitée à l'émission-phare de l'époque, Apostrophe. Puis ce sera La Femme au bûcher (Minuit) avec lequel elle impose sa marque. Celle de romans qui se situent à la lisière entre le réel et le fantastique, dans une atmosphère baignée de mystère et d'étrangeté, d'incertitude, de fantaisie et d'ironie. On pense notamment à En famille (Minuit, 1991) ou encore à Sorcière (Minuit, 1996), dont elle accusera en 1998 Marie Darrieusecq de s'en être largement inspiré, sinon "singé", pour composer Naissance des fantômes (POL). En 2001, son public s'élargit grâce à Rosie Carpe, récompensé du prix Femina.

En parallèle de son œuvre romanesque, Marie NDiaye a composé des ouvrages pour la jeunesse, tels La Diablesse et son enfant ou Le Souhait (Ecole des loisirs, 2000 et 2005) ; et aussi des pièces de théâtre, seule ou avec Jean-Yves Cendrey. L'une d'elle, Papa doit manger, inscrite et jouée à la Comédie française en 1998, fait de Marie Ndiaye la seule femme vivante à figurer au répertoire.

Alors même qu'elle rejette l'étiquette d'africaine, de métis et même d'auteur francophone, c'est à Berlin où elle vit que Marie NDiaye a retrouvé cependant le chemin de l'Afrique, où se déroule pour une bonne partie Trois Femmes puissantes. Plus ancré dans le réel que ses précédents livres, ce roman emboîte trois récits qui suivent l'itinéraire de femmes et leur combat pour préserver leur dignité.

"J'ai construit ce livre, expliquait la romancière, comme un ensemble musical dont les trois parties sont reliées par un thème récurrent. Ce thème, c'est la force intérieure que manifestent les protagonistes féminins. Norah, Fanta, Khady sont reliées par leurs capacités communes de résistance et de survie." Déchirements intimes, identitaires, interrogations sur l'appartenance et la condition humaine sont autant au cœur de ce triptyque troublant, vertigineux, composé dans un style éminemment élégant et épuré, qui en fait toute sa force, sa puissance.

transcrito, com a devida vénia, de Le Monde, 02/11/09

Os dias da Terra...

...tendo conhecimento da peixeirada que se prepara na Assembleia da República e das primeiras facadinhas trocadas, resolveu retirar-se para as quintas que lhe restam (e já são poucas)...


http://www.meteo.pt/pt/

segunda-feira, 2 de novembro de 2009

Atenção descobriu-se o virus ibérico mas não há vacina... o pessoal "nã resiste"...


...in Público, 02/11/09

Os dias da Terra...

...pois... a maneira de encarar o correr da vida não a alegra... leu o artigo abaixo e concluiu que isto está mais podre que nunca esteve a Dinamarca do Hamlet...



http://www.meteo.pt/pt/

Será mesmo uma tragédia não morrer jovem?...

...vamos acabar todos assim e a pedir esmola?...



¿Una generación sin pensiones?


por Alejandro Bolaños


A Otto von Bismarck crear un sistema de pensiones y contrarrestar la influencia del movimiento obrero alemán le resultó más sencillo de lo que parece. En 1889, cuando la esperanza de vida no llegaba a los 40 años, el Gobierno del dirigente prusiano fijó la edad de jubiliación...


A Otto von Bismarck crear un sistema de pensiones y contrarrestar la influencia del movimiento obrero alemán le resultó más sencillo de lo que parece. En 1889, cuando la esperanza de vida no llegaba a los 40 años, el Gobierno del dirigente prusiano fijó la edad de jubiliación... ¡en 70 años! Si el canciller de hierro levantara la cabeza se quedaría pasmado: ahora vivir más de 70 años, al menos en Europa, es de lo más corriente. La idea de garantizar una renta a las personas mayores, además de generalizarse, se ha complicado sobremanera. Más ahora, cuando el reciente colapso financiero ha golpeado (y muy duro) a los fondos privados de pensiones, la solución que ganaba terreno en los últimos años. El siguiente golpe se lo pueden llevar los sistemas públicos de reparto, como el español: si el paro se enquista, los problemas derivados del envejecimiento de la población estarán aquí en un futuro demasiado próximo. Y todo se viene encima de una generación que ahora soporta las pensiones de sus padres y abuelos, pero que, con los mecanismos actuales, no tienen certeza de acceder a una jubilación digna cuando lleguen a viejos.


En la última década, varios gobiernos han impulsado reformas para retrasar la jubilación, fijada en la mayoría de casos en 65 años, y aliviar así la presión sobre sus sistemas de reparto: con mirada de contable, trabajar un par de años más supone aumentar los ingresos del sistema y reducir los gastos (se paga jubiliación menos tiempo). EE UU se subió al carro de las reformas con un aumento gradual que culminará en 2028 con la jubilación a los 67 años. Pero la realidad se anticipa: en el mercado laboral estadounidense hay 6,6 millones de trabajadores que superan los 65 años, una record histórico.


En muchos casos, esa realidad forzosa tiene nombre, aunque sea enrevesado: 401 (k). Así es como se llama a los fondos de pensiones privados individuales en los que millones de estadounidenses pusieron ahorros con la esperanza de que los mercados financieros multiplicasen su rendimiento. Y que en 2008, con la debacle de las bolsas, han acumulado más de un 30% en pérdidas.


Los planes 401 (k) representan el extremo de la apuesta privada por garantizar ingresos para la jubiliación, en un país donde el dinero público apenas financia la mitad del volumen total de pensiones. Son, además, parte de la historia del desmadre financiero de estos años. En medios estadounidenses como The New York Times, US Today o la revista Time menudean los reportajes sobre hombres y mujeres que, ya metidos en la cincuentena, decidieron hipotecar por segunda vez su casa para comprar un coche o pagarse unas vacaciones, en la confianza de que el dinero de su fondo 401 (k), que la Bolsa multiplicaba de forma milagrosa, les daría suficiente holgura para seguir pagando la hipoteca cuando se jubilaran. Ahora, ni pueden vender la casa sin perder mucho dinero, ni pueden vender su fondo de pensiones, ni pagar la hipoteca con la pensión pública. Sólo les queda seguir trabajando más allá de los 65.


"En la mayoría de los casos lo que pasó con los fondos privados en 2008 es que disminuyeron de valor, no que entraran en pérdidas", puntualiza Pablo Antolín, economista de asuntos financieros en la OCDE. En otras palabras, sólo a las personas a las que le tocó en suerte jubilarse el año pasado o éste, les afectó el bajonazo de la Bolsa. Y sólo en los países en los que el sistema de Seguridad Social no garantiza una pensión pública suficiente, la falta de ingresos puede llevar a una vuelta forzosa al trabajo.


No es un caso común en España, donde los fondos privados personales son relativamente recientes y están en manos de trabajadores con ingresos (y pensiones) elevados. "Lo que ha demostrado la crisis es que nunca es bueno depender demasiado de un sólo sistema", señala Antolín.


La afirmación del economista de la OCDE, un organismo que siempre ha abanderado un mayor protagonismo de los fondos privados en los sistemas europeos, no es inocua. Porque en el otro extremo de países como Holanda, Reino Unido EE UU o Chile, en los que los fondos individuales y los planes de empresa financian buena parte de las pensiones, se coloca España, donde el peso del sistema de reparto (las cotizaciones de trabajadores y empresas financian las pensiones a los mayores) es abrumador.


"Puestos a mirar algo, habría que fijarse en lo que ha ocurrido con los sistemas de capitalización", rebate el secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado. La sugerencia de Granado es razonable. Los sistemas de capitalización -los fondos individuales o los planes de empresa, en los que las pensiones son el resultado de la rentabilidad del ahorro invertido a nombre de cada trabajador-, pasan un vía crucis.


Según los cálculos de la OCDE, el valor de los fondos de pensiones en los países avanzados cayó más de un 21% en 2008. Entre enero y junio de este año, la recuperación de las bolsas sólo ha permitido descontar un 3,5% de aquella pérdida. Y en el caso de los planes de empresa, muchos están en déficit (no podrían afrontar sus compromisos de pago si todos los trabajadores se jubilaran a la vez). Para evitar quiebras, varios gobiernos han ampliado el plazo para que las compañías recompongan sus balances hasta un nivel seguro.


Por contraste, el sistema de reparto español no tiene ningún problema para pagar sus compromisos con ocho millones de jubilados. Más aún, desde 2000, el saldo favorable entre cotizaciones (impulsado por la llegada de inmigrantes y la incorporación de la mujer al trabajo) y pensiones se mete en una hucha que acumula ya 58.000 millones de euros. De hecho, la principal debilidad del sistema español es la escasa dotación de sus pensiones más bajas, pese a los esfuerzos recientes del Gobierno socialista: según la UE, casi el 30% de los mayores de 65 años españoles está en riesgo de pobreza.


Y, sin embargo, lo que abundan son las advertencias sobre la viabilidad del sistema público. "España tiene que actuar ya, las reformas ahora serían casi indoloras, el drama es no hacer nada", proclamó hace unos meses el comisiario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia. Hace dos semanas, un informe de la Comisión Europea, martilleaba sobre la cuestión. El principal problema, es que, según las proyecciones demográficas de Bruselas, la pirámide de la población española, que ahora presenta un saludable ensanchamiento en la parte central, irá transformándose gradualmente hasta adelgazar en el centro y engordar en la cúspide: es una manera gráfica de representar que España será el país europeo en el que más envejezca la población. Para un sistema de reparto, ésa es una pésima noticia. El colectivo español de mayores de 65 años pasará de los 7,5 millones de personas a cerca de 17 millones en cuatro décadas. Y la población que podría soportar el pago de sus pensiones (entre 16 y 64 años) se reduciriá de 31 a 29 millones de personas. La caída en la tasa de natalidad y la mayor longevidad explican en buena parte el proceso.


El reto demográfico obligará, necesariamente, a cambios en el sistema de reparto. Que sean indoloros está por ver. Un reciente estudio elaborado por Ángel de la Fuente (CSIC) y Rafael Domenech (BBVA), concluía que habría que elevar la edad de jubilación más allá de los 67 años y aún así no bastaría para absorber la transición demográfica hasta que la pirámide empiece a recuperar la silueta (a partir de 2060). También habría que calcular la pensión a partir de los salarios de toda la vida laboral (y no, como hasta ahora, de los últimos 15 años) y pagar el 100% de la pensión sólo a los que acumularan ¡50 años cotizados!. "Las dos últimas medidas son otra manera de decir que las pensiones públicas tendrán necesariamente que ser más bajas que ahora", señala De la Fuente.


Las supuestas limitaciones del sistema de reparto abren el melón de la necesidad de otros ingresos. "Ya que tanto se suele hablar de Suecia como modelo de bienestar, yo me fijaría ahí", apunta Pablo Antolín, el economista de la OCDE. En 1998, el país escandinavo asumió buena parte de las recomendaciones de una comisión de expertos, con dos cambios fundamentales: a las pensiones mínimas (financiadas con impuestos) y las pensiones contributivas (con cotizaciones de trabajadores y empresas), se sumó un fondo de capitalización obligatorio para cada trabajador, también financiado con parte de la nómina. Esos fondos, gestionados por un organismo estatal, se invierten en los mercados financieros para intentar lograr una rentabilidad (en 2008 también perdieron, casi un 17% de media).


El segundo cambio es igual o más importante: en la parte tradicional del sistema (pensiones mínimas y contributivas), la cantidad a recibir se hace depender de la esperanza de vida que haya cuando el trabajador se jubile.


Hay expertos que creen que la solución no debe ir por los mercados financieros. Al contrario, opinan que la pensión pública que se cobra ahora "es todavía muy baja", como señala Viçens Navarro, catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra. En unas jornadas celebradas la semana pasada en Madrid, Navarro expuso que el gasto español por habitante en prestaciones para la vejez está casi un 40% del promedio de la UE. Y ofreció alternativas para reforzar el sistema público: aumentar la tasa de empleo de la mujer, mayor dotación a los servicios de ayuda a la familia, que permitiría recuperar la natalidad, y un incremento de la productividad, para aumentar salarios y cotizaciones. Un camino que lleva también a cambios enormes.


Frente a esta demanda de reformas, el sistema español ha optado por ir pasito a pasito. Una política que comenzó en 1995 con el Pacto de Toledo, suscrito por todos los grupos parlamentarios. "En procesos a largo plazo como éste, cuanto antes hagas los cambios que se necesiten, mejor. El consenso del Pacto de Toledo está bien, pero se ha avanzado poco", señala De la Fuente. El secretario de Estado de la Seguridad Social rebate que esos cambios hayan contribuido a aumentar el número de cotizantes de forma notable. Entre ellos destaca que se han reducido los retiros anticipados, pese a que aún se jubila antes de los 65 años más del 40% de los pensionistas, o que se haya incentivado (con una ganancia del 1% anual en la pensión) alargar de forma voluntaria la edad de jubilación.


El Gobierno cree que el cambio demográfico no pondrá el sistema en déficit hasta 2023 y que, entonces, el fondo de reserva de las pensiones permitiría compensar ese saldo negativo al menos seis años más. La crisis puede trastocar ese cálculo: si el paro, cercano al 18%, tarda años en volver a reducirse y las cotizaciones se mantienen en niveles bajos, el fondo de reserva dejará de crecer y el déficit puede aparecer antes de lo previsto. "No veo ningún problema si la crisis dura menos de cinco años", sentencia Granado. Ése es precisamente el periodo que vaticina ahora mismo el FMI para la economía española.


El secretario de Estado sí asume que serán necesarios cambios profundos, pero evita dar pistas. Sobre la comisión parlamentaria del Pacto de Toledo, que revisa precisamente ahora la estrategia de pensiones, recae la responsabilidad de tomar las medidas que garanticen las pensiones de toda una generación.






transcrito, com a devida vénia, de El Pais, 02/11/09